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Por último, ningún educador puede acompañar por sí solo. La vida de los jóvenes se desarrolla en la familia, en el colegio, en el deporte, en el trabajo, en las asociaciones, en la calle y en los entornos digitales. Por eso es necesaria una red de adultos auténticos e instituciones de confianza. |
AGUINALDO 2027
LA CARIDAD ES PACIENTE, LA CARIDAD ES BENIGNA
«Consagrados» al bien integral de los jóvenes
Los años que van de 1875 a 1877 son tres años llenos de acontecimientos importantes en la vida de don Bosco, de la Congregación y de la Familia Salesiana.
Han pasado 150 años desde aquella época, pero el tiempo no ha atenuado el impacto ni la fuerza de aquellos acontecimientos, ¡al contrario! Y al recordar con gratitud el pasado, encontramos hoy la capacidad de lanzarnos hacia el futuro. Conmemorar esos acontecimientos, de hecho, significa descubrir en ellos esa fuerza del Espíritu Santo que impulsó a don Bosco a abrir y trazar nuevos caminos y a ofrecer fronteras inéditas de pastoral en el ámbito educativo en favor de los jóvenes, especialmente los más necesitados.
La primera expedición misionera de 1875, como Familia Salesiana, la hemos recordado y celebrado bajo el lema de la esperanza. Un camino vivido bajo el lema del Jubileo 2025, peregrinos de la esperanza. A partir de ese evento, la Congregación y la Familia Salesiana han profundizado en la llamada a renovar la esperanza en la vida de los jóvenes, caminando junto a ellos. El tema Anclados en la esperanza, peregrinos con los jóvenes unía estas dos importantes conmemoraciones —el Jubileo de 2025 y el 150.º aniversario de la primera expedición misionera salesiana— relanzando la esperanza como un regalo que hay que vivir y transmitir a las nuevas generaciones. Además, el hecho de ser «peregrinos» con los jóvenes fue una clara invitación a caminar junto a ellos como un signo real de cercanía y una promesa de futuro.
Esta misión sigue hoy en día, impulsada por el ejemplo y el valor de los primeros misioneros que Don Bosco envió a Argentina. Además, este año se cumple el 150.º aniversario de la primera expedición misionera (1877) de nuestras hermanas, las Hijas de María Auxiliadora. Un acontecimiento que refuerza esa visión de valentía y celo apostólico que no pierde su encanto ni su fuerza de atracción hoy en día.
Luego recordamos la fundación de los Cooperadores Salesianos (1876) retomando la invitación de María a los sirvientes en las bodas de Caná: haced lo que él os diga (Jn 2,5). Así pues, el tema central es la fe en Jesús. Esa invitación es para nosotros una llamada a ser verdaderos creyentes, libres para servir. Así hemos descubierto cómo la intuición de don Bosco, bajo la acción del Espíritu, sigue viva y actual para nosotros hoy en día. Al igual que los sirvientes, estamos llamados a escuchar la voz de María y, con ella y como ella, a seguir lo que Jesús nos está diciendo hoy en nuestra historia.
Llegamos a un tercer momento: el don del Sistema Preventivo. De hecho, fue en 1877 cuando don Bosco escribió «El Sistema Preventivo en la educación de la juventud». Como Congregación, Instituto y Familia Salesiana, hemos estudiado a fondo este escrito, lo hemos analizado, comentado y puesto en práctica. Tenemos la suerte de ser herederos de una reflexión y una práctica serias y profundas por parte de tantos estudiosos y profesionales que, con competencia, dedicación y también creatividad, nos han transmitido un patrimonio precioso. Este compromiso sigue vivo hoy en día, y te lo agradecemos de verdad. Así se mantiene viva, actual y significativa la experiencia educativo-pastoral que, desde don Bosco hasta nosotros, logra dialogar con la variedad de culturas, interactuar de forma constructiva con las distintas tradiciones religiosas en todos los continentes y dar buenos frutos incluso en contextos difíciles. El secreto nos lo revela el propio don Bosco: la caridad. Esa virtud que llega a lo más profundo del corazón humano, más allá de cualquier categoría social, cultural o religiosa; una virtud que no conoce fronteras que puedan encadenarla.
Sí, el Sistema Preventivo es el don de un carisma que, a través de la Familia Salesiana, se extiende por todo el mundo. Primero tenemos que amarlo y luego conocerlo bien, porque solo así nos hacemos cada vez más conscientes de la responsabilidad que tenemos ante el don que se nos ha confiado. Tenemos que tratarlo con humildad e inteligencia, evitando a toda costa una actitud superficial. Al encontrarnos con el Sistema Preventivo, todos estamos llamados a reconocer que somos portadores tanto de profecía como de profesionalidad. El carisma y la competencia van de la mano por el bien integral de los jóvenes.
Teniendo en cuenta este camino, te cuento que el tema del AGUINALDO 2027 será el siguiente:
LA CARIDAD ES PACIENTE, LA CARIDAD ES BENIGNA
«Consagrados» al bien integral de los jóvenes
El título se refiere a las palabras del himno a la caridad de San Pablo, que el propio Don Bosco señala como la base del Sistema Preventivo: «La práctica de este sistema se apoya por completo en las palabras de San Pablo, que dice: La caridad es benigna y paciente; todo lo soporta, pero todo lo espera y aguanta cualquier dificultad».
La segunda parte es una invitación a estar «consagrados» al bien de los jóvenes. Don Bosco mismo escribe dos veces esta llamada a estar «consagrados» al bien de los jóvenes: El director, por tanto, debe estar totalmente consagrado a sus alumnos. Y más adelante lo reitera al escribir que El educador es una persona consagrada al bien de sus alumnos; debe estar dispuesto a afrontar cualquier dificultad, cualquier esfuerzo para alcanzar su objetivo, que es la educación cívica, moral y científica de sus alumnos.
Teniendo en cuenta todo esto, el AGUINALDO 2027 se dividirá en dos partes. La PARTE I se centrará en un análisis en profundidad del contexto del himno a la caridad de San Pablo, que aparece en el capítulo 13 de la Carta a los Corintios. De hecho, es en este pasaje completo (1 Cor 12,31b-14,1a) donde la caridad se considera el «camino más sublime»: el camino que te lleva a ser como Cristo y te permite vivir tu vida al máximo.
La caridad es el camino
El elogio de la caridad que aparece ahí surge como respuesta a una situación concreta. La comunidad de Corinto está marcada por divisiones, rivalidades y comportamientos que no encajan con el Evangelio. En lugar de buscar el bien común, han tomado el control el orgullo y la competencia. Este es el contexto en el que Pablo señala «el camino más sublime»: la caridad.
Es el criterio que te permite comprobar la autenticidad de la vida cristiana y valorar cada don, cada elección y cada acción. Podemos hablar todos los idiomas, conocer los misterios de Dios, tener una fe extraordinaria y hacer cosas heroicas; pero, sin amor, solo somos ruido, y todo lo que hacemos pierde su valor más profundo.
Así que no basta con hacer el bien por fuera: hay que preguntarse qué espíritu anima nuestras acciones. Los dones que hemos recibido no son de nuestra propiedad ni herramientas para presumir. Nos los han confiado para que los pongamos al servicio de los demás y se conviertan en un bien compartido.
Para la Familia Salesiana, volver a reflexionar sobre el contexto del himno a la caridad es una invitación a pensar en cómo podemos fomentar procesos y caminos en los que —a través de una caridad pastoral cada vez más auténtica— nos parezcamos más a Cristo por el bien de los jóvenes.
Al decir que la caridad nunca se acabará, San Pablo invita a la comunidad de Corinto a no olvidar una verdad profunda: que los carismas y el conocimiento pertenecen al tiempo presente y son realidades parciales; solo la caridad permanece para siempre, porque forma parte de la vida misma de Dios. La fe, la esperanza y la caridad definen la vida cristiana, pero «la más grande» (podríamos decir que es el corazón, el eje central) es la caridad. Un mensaje que sigue siendo válido para nosotros hoy y que se convierte en un compromiso: «Aspirad a la caridad». Un compromiso que pide valor y perseverancia, para que la caridad, don del Espíritu, sea el camino diario y la meta definitiva: conformarnos a Cristo hacia la plena comunión con Dios. Ser «consagrados» fomentando la pedagogía del encuentro, dispuestos a reconocer la sed espiritual que habita en el corazón de los jóvenes, sabios y generosos a la hora de acompañarlos por caminos y procesos pastorales adecuados.
En la PARTE II analizamos el Sistema Preventivo y sus tres pilares, a la luz de los retos que nos rodean y que tenemos que afrontar.
Razón: la pedagogía del encuentro
Redescubrimos el Sistema Preventivo de Don Bosco como una auténtica pedagogía del encuentro. En el centro de la acción educativa no están, ante todo, los programas, las actividades o las estructuras, sino cada joven concreto, con su nombre, su historia, sus preguntas y el potencial que lleva dentro.
El encuentro educativo no surge simplemente porque un adulto y un joven estén en el mismo lugar. Es necesario que el educador dé el primer paso, acorte distancias y se adentre con respeto y empatía en la situación del otro. Encontrarse significa prestar atención no solo a las palabras, sino también a los silencios. Requiere tiempo, autenticidad y estar dispuesto a dejarte cuestionar. Los jóvenes se dan cuenta enseguida de si la acogida es sincera o solo formal.
Acoger, sin embargo, no significa limitarse a aceptar al joven tal y como está ahora. También significa ayudarle a descubrir en qué puede convertirse, ofreciéndole nuevos horizontes y retos que despierten en él el deseo, la curiosidad y la esperanza. Todo ello respetando su libertad, porque el joven no es un objeto pasivo de la intervención educativa, sino un interlocutor, es más, un protagonista.
La pedagogía del encuentro también requiere entornos que sean de verdad acogedores. La experiencia de Valdocco nos recuerda que primero está la persona y luego la institución, primero la necesidad que hay que atender y luego la estructura llamada a responder a ella. Incluso hoy en día, muchos jóvenes buscan acogida sin poder expresar claramente lo que necesitan. Pueden sentirse solos, en una situación precaria, con miedo al futuro y sin encontrarle sentido a nada, o sin adultos en los que confiar.
El patio salesiano representa simbólicamente el lugar donde las distancias se acortan y el educador se vuelve más accesible. Al compartir la vida cotidiana, puede conocer personalmente a los jóvenes y decirles, en el momento adecuado, esa breve y significativa «palabrita al oído» tan querida por la tradición salesiana.
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1 La Comunidad Educativo-Pastoral debe involucrar a salesianos, laicos, familias y entidades del territorio, reconociendo sobre todo el protagonismo de los jóvenes. La red educativa no debe construirse solo para ellos, sino junto con ellos, escuchando su voz y dejando que esta oriente de forma concreta las decisiones de la comunidad. |
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Religión: reconocer la sed espiritual
El Sistema Preventivo de don Bosco no es solo un método pedagógico, sino una auténtica experiencia espiritual y educativa. Para don Bosco, educar significa hacer visible el amor providencial de Dios y convertir la relación con los jóvenes en una forma concreta de evangelización.
No se puede reducir a una persona a un conjunto de habilidades o funciones. Cada joven es un rostro, una historia y una vocación. Su crecimiento integral consiste también en descubrir la vida como un regalo que recibe de Dios y como una llamada a la fraternidad, a la responsabilidad y a la entrega de sí mismo. En este camino, la capacidad de reconocer esa sed de sentido cobra un papel fundamental y se desarrolla en tres direcciones: reconocer a los jóvenes con sus preguntas, educarlos para que reconozcan la voz que les llama desde lo más profundo de su corazón y, junto con ellos, reconocer la presencia del Dios vivo en sus vidas.
Reconocer las preguntas de los jóvenes no significa simplemente recabar información. Es un encuentro entre dos libertades, capaz de transformar tanto a quien habla como a quien escucha. Requiere tiempo, humildad, paciencia y disposición para dejarte involucrar. Ofreciéndole al joven un espacio auténtico donde descubrir lo que lleva en el corazón, ayudándole a poner nombre y expresar sus deseos, dudas y preguntas, a comprender mejor lo que vive y a reconocer o redescubrir su propia dignidad.
Esta actitud refleja la propia forma de actuar de Dios, quien —como atestigua la Escritura— sale al encuentro del clamor de su pueblo, sobre todo de los pobres y los pequeños. Hoy en día, muchos jóvenes, a pesar de estar siempre conectados, se sienten solos y sin que se les valore. Por eso, la Iglesia debe evitar las respuestas prefabricadas y acoger y reconocer con respeto lo que expresan sus preguntas, a veces incluso de forma confusa.
Es igual de importante enseñar a los jóvenes a reconocer la voz que resuena en lo más profundo de su corazón. El flujo incesante de información, notificaciones y estímulos reduce los espacios de silencio y corre el riesgo de empobrecer la vida interior. Por eso hay que aprender a encontrarse a uno mismo, en tus pensamientos y sentimientos, y al evaluar tus comportamientos. Don Bosco fomentaba esta interioridad invitando a los chicos a repasar su día.
También hay que aprender a reconocer lo que surge de la historia, dejándote interpelar por las personas, los acontecimientos y las necesidades con las que te encuentras. Es al escuchar tu propia voz interior y las voces que vienen de fuera cuando se abre la frontera del proyecto de vida, la dimensión vocacional, porque es precisamente al reconocer estas sensibilidades personales y la apertura hacia los demás cuando puede manifestarse la llamada de Dios.
Por último, las Comunidades Educativo-pastorales están llamadas a reconocer, junto con los jóvenes, la presencia del Dios vivo en la vida de cada uno, poniendo su Palabra en el centro. Como ocurría en Valdocco, el Evangelio no solo hay que enseñarlo, sino vivirlo en el día a día. Leer la Escritura, rezar juntos, celebrar los sacramentos y discernir en comunidad permite a los jóvenes reconocer la voz del Señor y dejarse guiar por ella.
Amor (Amorevolezza) – acompañar la experiencia pastoral
En el centro del Sistema Preventivo está el amor. Es a través de él como el educador puede llegar al corazón del joven, apoyarlo, aconsejarlo y, cuando hace falta, corregirlo. El modelo del acompañamiento pastoral es Jesús, el Buen Pastor y el peregrino en el camino de Emaús. Él se acerca a los discípulos desilusionados, camina con ellos, los escucha e ilumina su experiencia a través de las Escrituras. Por último, se deja reconocer al partir el pan.
Acompañar pastoralmente significa, pues, ejercer un ministerio de compasión: curar las heridas, apoyar el crecimiento y abrir a la persona al encuentro con Dios. Este estilo ya estaba presente en Valdocco, donde consagrados y laicos acompañaban a los jóvenes con cercanía, dulzura, benevolencia y amistad: con amor.
La propuesta salesiana se basa en la dignidad de cada joven, creado a imagen de Dios y portador de una predisposición al bien. Hacer crecer esta dignidad implica respetar su libertad y acoger con empatía sus fragilidades y sus impulsos. Y tener muy presente el entramado de relaciones que sostienen al joven. Nadie —y el joven lo sabe bien— crece solo: la persona madura dentro de una red de relaciones fiables y de cuidados.
Aunque se dirige a todo el mundo, el Sistema Preventivo muestra una predilección especial por los jóvenes más pobres. Su presencia renueva a la comunidad y se convierte en un criterio para evaluar sus proyectos pastorales, para que sean siempre una respuesta que fomente la acogida, la integración, la protección, la justicia y la misericordia.
Sabemos que todo proceso pastoral tiene como meta el encuentro con Cristo. Pero solo si está iluminado por un amor y un respeto auténticos, porque la fe no se impone, sino que se propone a través del testimonio acogedor y benevolente, del anuncio y de la liturgia vividos de forma alegre y auténtica. La gradualidad educativa tiene el bálsamo de la caridad, siempre respetando la libertad. Esta misión también incluye cuidar ese camino que ayuda a los jóvenes a dejarse interpelar sobre su futuro, la dimensión vocacional.
Por último, todo educador parte de un punto ineludible: para acompañar, hay que dejarse acompañar. El educador solo puede llegar al corazón de los jóvenes si deja que Cristo transforme el suyo. Por eso, se necesitan humildad y una conversión constante: hacerse pequeños para acoger a los pequeños, dar lo que has recibido y unir tu corazón a Dios.
Conclusión
Os invito a todos los miembros de la Familia Salesiana a celebrar este 150.º aniversario de «El Sistema Preventivo en la educación de la juventud», y a hacer que se convierta en una oportunidad valiosa y providencial para conocer más a fondo el carisma salesiano y renovar nuestro compromiso educativo y pastoral con los jóvenes.