STRENNA 2026 FINALE - SPA


STRENNA 2026 FINALE - SPA

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AGUINALDO 2026
"HACED LO QUE ÉL OS DIGA"
Creyentes, libres para servir
Introducción
a. El primer signo de Jesús es un «portal de ingreso»
b. La irrupción definitiva de Dios en la historia
c. Jesús inaugura una relación de amor, una alianza de bondad y de
abundancia
1. MIRAR: Acogida de los signos de los tiempos
a. María no era un huésped «neutro»
b. Los retos y las dificultades deben reconocerse y afrontarse, no dejarse
de lado
c. La historia es el arca reveladora de la acción de Dios
d. Invitación a la reflexión
2. ESCUCHAR: Arraigados en la fe en Cristo
a. Los acontecimientos deben leerse y vivirse a la luz de Cristo
b. La voluntad de Dios surge de los acontecimientos que vivimos
c. Un proceso alimentado e iluminado por la Palabra
d. Invitación a la reflexión
3. ELEGIR: Vivir la llamada con libertad
a. Escucha libre junto con una confianza completa
b. Toda acción tiene sentido –logos– solo en y de la Palabra – Logos
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c. Peligro de una fe que se adapta a la cultura dominante
d. Invitación a la reflexión
4. ACTUAR: Servir con total generosidad
a. Servir de manera libre porque estamos arraigados en Cristo
b. Cooperadores en el proyecto de Dios para los jóvenes
c. La audacia de la fe
d. Invitación a la reflexión
5. 150 años - Salesianos Cooperadores: el sueño profético de Don Bosco
continúa
6. Algunas propuestas pastorales
1. «Haced lo que él os diga»: hacia una pedagogía de la escucha
personal
2. María en Caná: educadora de la libertad auténtica
3. El arte de leer los signos del tiempo con los jóvenes
4. Elegir: la libertad cristiana como respuesta vocacional
5. Los 150 años de los Salesianos Cooperadores: un modelo para hoy
Conclusión
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AGUINALDO 2026
“HACED LO QUE OS DIGA”
Creyentes, libres para servir
Comentario al Aguinaldo 2026
Queridos hermanos,
Hijas de María Auxiliadora,
Miembros todos de la Familia Salesiana,
Jóvenes,
Cada año la cita con el AGUINALDO ofrece la oportunidad a todos los
Grupos de la Familia Salesiana de reunirse en torno a un tema particular,
para compartir y vivir momentos fuertes de oración y de reflexión, de escucha
y de fraternidad. Es un deseo y una esperanza que cada Grupo –y cada una
de las personas dentro de él– puedan encontrar alimento para el camino,
apoyo para la propia experiencia educativo-pastoral y personal.
Introducción
El AGUINALDO que nos ha acompañado el año pasado, construido
alrededor del tema jubilar de la esperanza, nos ha ofrecido, a todos, la
oportunidad de mirar al misterio de Cristo como fuente de luz que nos ayuda
a contemplar las maravillas de Dios en el momento presente. Hemos vivido
momentos que nos han fortalecido en la fe, en lo que el Señor aún tiene que
revelarnos, y hemos percibido la esperanza como fuerza del «ya» y como valor
del «todavía no». También hemos contemplado cómo para Don Bosco la fuerza
de la esperanza le había ayudado y sostenido en su camino de descubrimiento
y puesta en práctica del proyecto de Dios.
Hace 150 años la esperanza fue el motor del corazón pastoral de Don
Bosco, un corazón capaz de leer los signos de los tiempos y de mirar al mundo
sostenido por la fe en Dios. La conmemoración del centésimo quincua-
gésimo aniversario de la primera expedición misionera salesiana no
quiere ser una celebración circunscrita a un momento cronológico.
Recordando este momento histórico hemos contemplado cómo el espíritu de
Dios, en Don Bosco, ha encontrado un corazón abierto y disponible. La de Don
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Bosco fue una respuesta que supo superar una visión estrecha y
autorreferencial de la vida.
Don Bosco vivía en Turín, pero su corazón y su mente habitaban en el
mundo entero. Su esperanza se basaba en la certeza de que –una vez
descubierto el proyecto de Dios– no hay otro camino sino seguir su voluntad
hasta el final. Contemplando la virtud teologal de la esperanza, que animaba
su vida, podemos vislumbrar lo que ya sus primeros discípulos sentían y
comentaron más tarde: Don Bosco hombre de fe, Don Bosco creyente, «Don
Bosco con Dios».
Este año me gustaría proponer el tema de la fe. Surgió de manera
gradual, pero clara, cuando, a principios del mes de junio de 2025, los diversos
Grupos de la Familia Salesiana se reunieron para la Consulta Mundial. Las
reflexiones compartidas indicaban el tema de la fe: no solo como continuación
natural de la esperanza sino como "fundamento" de la misma. Si la fuerza de
la esperanza se funda en la fe, una vida verdaderamente llena de esperanza
lleva a una más profunda y auténtica relación de fe con Jesús, el Hijo del
Padre, hecho hombre por nosotros y que sigue estando presente entre
nosotros con la fuerza del Espíritu. Será, pues, como una peregrinación en la
fe de toda la Familia Salesiana: juntos para renovarnos, juntos para vivir en
el mundo como cristianos (y salesianos).
En su primera Carta encíclica Lumen fidei1, el papa Francisco ofrece,
a este respecto, algunos puntos muy pertinentes. Ante todo, como
introducción general al tema de la fe, el papa Francisco nos invita a una
corrección de mirada: la fe no como algo teológicamente lejano sino como «una
luz por descubrir». Creer, vivir de fe, significa querer caminar en la luz. Fe,
entonces, es ese fundamento que tenemos y ese camino que emprendemos,
porque realmente queremos vivir la vida de manera bella y sana. Abrazar la fe
expresa ese deseo profundo de vivir en la luz, negándose a vivir en la
oscuridad, en el vacío, en el no sentido. Escribe el papa Francisco que esta
llamada a «recuperar su carácter luminoso» la queremos recorrer «pues
cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es
que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de
iluminar toda la existencia del hombre» (n.4).
Esta primera invitación nos interpela directamente cuando
reconocemos que nuestra misión es educar a la fe y en la fe. El desafío que
surge inmedia-tamente es muy evidente: ¿Cómo podemos hacerlo si esta
fuente de luz se va apagando en mí? ¿Cómo podemos permanecer tranquilos
cuando nos damos cuenta de que el apagarse de la luz en nuestro corazón
1 Papa Francisco, Carta encíclica Lumen fidei (29 de junio de 2013).
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significa, a la larga, dejar a los jóvenes, y a todos los que acompañamos, en
las tinieblas más densas?
Además, esta luz tiene algunas características que deben señalarse.
Son características que se presentan como apoyos necesarios en los
momentos duros y difíciles en el camino de la fe.
Ante todo, por su potencia, la luz de la fe «no puede provenir de
nosotros mismos; (sino que) ha de venir de una fuente más primordial, tiene
que venir, en definitiva, de Dios» (n.4). No se trata en efecto de ofrecer cosas
humanas, inteligentes y profesionales, sino mucho más. Y, por tanto, esta luz
no es nuestra, sino que nos es concedida.
Hay un segundo aspecto, fruto de esta extraordinaria gratuidad divina,
y el papa Francisco lo describe en términos a la vez profundos y tiernos: «La
fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor,
un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros
y construir la vida». La fe no es un producto. Nace no tanto «del encuentro con
Dios», sino «en el encuentro con Dios». Un encuentro que hay que vivir como
expresión de plena libertad y como fuente continua que nos alimenta con su
luz.
Esta breve introducción ya sienta las bases necesarias para situar el
tema de la fe dentro de una dinámica relacional. Una dinámica que es típica
de nuestro carisma salesiano. La experiencia de la fe en el encuentro con
Jesús, Hijo de Dios, emerge como la espina dorsal de nuestras acciones por la
fuerza de su Espíritu. A través de esta energía trinitaria somos los primeros
beneficiarios de ese don que da forma y significado a todo lo que somos y, en
consecuencia, a todo lo que hacemos y proponemos para la salvación de los
jóvenes.
«HACED LO QUE ÉL OS DIGA»
Creyentes, libres para servir
Dejémonos guiar este año por una frase del Evangelio de Juan
pronunciada por María, precisamente al comienzo del mismo Evangelio. En lo
que debía ser una hermosa fiesta de bodas, surge una dificultad: falta el vino.
Ante la posibilidad de que una fiesta se convierta en un fracaso, encontramos
la reacción que sale del corazón de María: hay que intervenir. Y lo que María
hace es simplemente presentar a Jesús la situación real. Pero su hora, la de
Jesús, aún no ha llegado. María, la madre solícita, con gran serenidad, invita
a los siervos únicamente a prestar atención a lo que Jesús les diga en el
momento de «su hora».
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Este año os propongo aceptar la invitación de María, con la misma
actitud de disponibilidad y de libertad que vemos en los siervos. También
nosotros, miembros de los diversos Grupos de la Familia Salesiana, debemos
recordar la verdad de nuestra elección e identidad: somos siervos, solo siervos.
Y también a nosotros María nos dice hoy: «Haced lo que él os diga». Cualquier
cosa que Jesús nos diga, simplemente hay que aceptarla, asumirla y vivirla,
sin peros.
Invito a todos, queridas hermanas y hermanos, después de haber vivido
la fuerza de la esperanza, esa «esperanza que no defrauda», a permitir que
lleguen a nuestro corazón las palabras de María, y a prestar nuestra mirada
y nuestra escucha a Jesús, a lo que nos diga, En el conocimiento y la alegría
de ser siervos.
Queremos ser sostenidos por la misma fe en llenar hasta el borde las
jarras, en llevar el agua transformada en vino a las realidades cotidianas que
habitamos y compartimos con todos. Encontrándonos muchos de nosotros en
primera línea en situaciones difíciles y en lugares críticos, reconocemos el
riesgo de una fe débil, a veces incluso ausente, con las dramáticas
consecuencias que luego constatamos, de una falta de compartir el «vino» de
la bondad, de la empatía y del amor.
Evangelio de Juan 2, 1-11
1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. 2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la
boda. 3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4Jesús
le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi
hora». 5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de
los judíos, de unos cien litros cada una. 7Jesús les dice: «Llenad las
tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dice: «Sacad
ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9El mayordomo
probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes
sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10y
le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están
bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
11Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea;
así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Vamos directos al pasaje que ha inspirado el título del AGUINALDO, con
la meditación del primer «signo» que Jesús realiza en Caná de Galilea, como
lo narra Juan (2,1-11).
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Tres breves reflexiones introductorias nos ofrecen la clave
«hermenéutica» que hace que el pasaje sea significativo para nuestra
experiencia personal y comunitaria.
a. El primer signo de Jesús es un «portal de ingreso»
En una de sus audiencias, el Papa Francisco comenta este pasaje con
una imagen muy concreta. Dice que el primer signo de Jesús es «una especie
de “portal de ingreso”, en el cual se han esculpido palabras y expresiones que
iluminan todo el misterio de Cristo y abren el corazón de los discípulos a la
fe»2. El primer signo de Jesús no es un espectáculo para admirar, es más bien
una invitación dirigida al corazón de cada creyente. En él tenemos la llamada
a aquellas actitudes que aseguran la asunción de la propuesta de la fe en él,
como evocado al final del pasaje: «sus discípulos creyeron en él» (v.11). Este
primer signo en Caná va inmediatamente al corazón del mensaje de Jesús: la
invitación a apostar nuestra existencia en su palabra. «Caná» es –hoy– la casa
donde vivimos, la obra donde vivimos nuestra misión, el grupo de jóvenes, de
profesores, de padres que acompañamos. Nosotros somos los siervos y
discípulos de las diversas experiencias concretas y cotidianas.
Y como en Caná, también hoy María sigue teniendo una misión
fundamental y fundante en este proceso. Ella es quien, caminando con
nosotros, nos invita a dar el paso de la fe, una fe libremente asumida para
poder ser auténticos siervos. Y este mismo proceso, hecho de fe, libertad y
servicio, es el mismo que experimentó Don Bosco durante toda su vida.
También Don Bosco, desde el sueño de 9 años, reconoce a María como Madre
y Maestra que lo sostenía en su fe, que le dio valor para ser un siervo libre
para los jóvenes en el campo indicado por ella.
b. La irrupción definitiva de Dios en la historia
Un segundo punto de reflexión lo ofrece el papa Benedicto XVI partiendo
de las palabras que introducen este primer signo: «A los tres días había una
boda en Caná» (v.1).
En su libro Jesús de Nazaret, el papa Benedicto dice que aquí nos
encontramos en el corazón del misterio de Dios que se manifiesta. La indicación
del tiempo es un símbolo de todo el obrar de Dios en la historia. El «tercer día»
comunica la anticipación del cumplimiento de la historia de salvación que
tiene lugar en la resurrección de Cristo, el tercer día. Tenemos en este preciso
momento, dice el Papa, «la irrupción definitiva de Dios en la tierra»3. Caná es
2 Papa Francisco, Audiencia general, 8 de junio de 2016:
https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-
francesco_20160608_udienza-generale.html.
3 Joseph Ratzinger-Benedetto XVI, Gesù di Nazaret, Libreria Editrice Vaticana, Città del
Vaticano, 2007, p.292. [Edición española: Jesús de Nazaret, primera parte, La Esfera de los
libros, Madrid 2007].
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un lugar que contiene, de manera humilde y oculta, el cumplimiento del
proyecto del amor de Dios para la humanidad. Caná es cada lugar al que
somos enviados, en cuanto espacio donde Dios sigue haciéndose presente a
través de los que escuchan su palabra, la creen y la viven.
Esta reflexión tiene un significado muy significativo para nosotros. Si
«Caná» es cada lugar que habitamos, entonces somos nosotros a quienes el
Señor llama para ser signos y portadores de su amor a los jóvenes, a la
humanidad. Ciertamente no depende de nosotros «la irrupción de Dios en la
tierra», pero a nosotros se nos da la oportunidad de facilitarla como don
gratuitamente recibido y libremente aceptado. Toda nuestra acción vivida de
manera generosa participa en este designio de Dios... pero también toda
nuestra resistencia o rechazo corren el riesgo de negar ese «buen vino» a los
demás.
c. Jesús inaugura una relación de amor, una alianza de bondad y de
abundancia
Un tercer punto introductorio, tomado siempre del papa Benedicto XVI:
el ambiente de la fiesta «nupcial» es la dimensión más apropiada que
caracteriza la relación de Dios con toda la humanidad, la alianza nupcial por
excelencia4.
En verdad, nos damos cuenta de que Jesús no viene simplemente a
dejarnos un mensaje. A través de este primer signo, lo que Jesús está por
inaugurar es una relación de amor, un pacto de bondad y abundancia. Jesús
nos invita a entrar en una relación viva y vivificante. Con él habitamos un
espacio sagrado donde, ante todo, nos descubrimos amados. En esta relación
de amor somos positivamente desafiados y animados a seguirlo.
Reconociendo que estamos siempre en busca de ese «vino bueno» que
nunca falla, el camino a recorrer es uno solo, el indicado por María: «Haced lo
que él os diga». La fiesta nupcial por un lado inaugura una nueva realidad y,
por otro, confiere un sello a la nueva y eterna alianza.
Podemos decir que la experiencia de Caná es un verdadero «vientre» en
el cual la fidelidad de Dios nos viene al encuentro, completando y llevando a
plenitud la búsqueda de amor por parte del hombre. Esto quiere decir que
cuando llega la hora, a la propuesta de Jesús se responde obedeciendo (ob-
audire), con la escucha de la fe, vivida fielmente.
El banquete se convierte así en el altar que reparte abundantemente el
vino nuevo de la Palabra. Una distribución generosa, fruto de la fe vivida con
libertad. Siguiendo la invitación de María, esta vida iluminada por la Palabra
4 Idem.
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de Jesús se vive en la forma del servicio para el bien de todos, con plena
disponibilidad del corazón.
A la luz del pasaje de las bodas de Caná, son varios los desafíos que el
AGUINALDO 2026 nos comunica. Estoy convencido de que la llamada, para
cada Grupo de la Familia Salesiana, a vivir mejor su carisma, encuentra en
este pasaje del Evangelio estímulos adicionales para ser vivida en favor de los
jóvenes y de todos aquellos que comparten la misión salesiana. No solo, sino
también para servir a tantas personas en diversas partes del mundo a las que
el Señor pide llevar el vino de la esperanza, la alegría de la comunión.
1. MIRAR: Acogida de los signos de los tiempos
Una primera llamada que os invito a acoger, y sobre la cual reflexionar,
es acerca de la actitud de María: la mujer atenta a lo que estaba
sucediendo a su alrededor. El evangelio nos dice simplemente que «a los tres
días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí» (v.1).
El evangelio no da más información. Pero cuando escuchamos estas pocas
palabras y las relacionamos con su reacción, comenzamos a entrever algunos
elementos significativos del corazón de María.
a. María no era un huésped «neutro»
Su presencia era atenta y viva a todo lo que sucedía a su alrededor. En
términos figurados, pero densos, podemos decir que María abrazó el tiempo
y la historia de aquellos que la quisieron como invitada a su fiesta de bodas.
María podía tranquilamente sentirse una persona que no debe entrometerse,
aunque intuía la triste consecuencia de la falta de vino. Sin embargo, eligió no
permanecer indiferente.
He aquí un primer aspecto sobre el cual nosotros –como seguidores de
Jesús– estamos llamados a interrogarnos: ¿en qué medida nos sentimos
interpelados con respecto a los acontecimientos de la historia que estamos
viviendo y en los lugares que habitamos? ¿Qué posición tomamos allí donde
también podemos elegir permanecer alejados porque en algunas cosas «no me
toca», «no son mi responsabilidad»? A la luz de lo que María ha hecho, ante los
desafíos que nos rodean, nos sentimos profunda y personalmente
interpelados. En una cultura de anonimato e indiferencia, ¡reconocemos que
también nosotros corremos el riesgo de vivir opciones bajo el signo de lo
«políticamente correcto»!
Abrazar el tiempo y la historia como actitud existencial implica
algunas exigencias que solo a la luz de la fe en Cristo podemos captar y
asumir.
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En el campo educativo-pastoral esta elección de María es para nosotros
una llamada fuerte y amable a no caer en esa indiferencia que no solo justifica
las cosas, sino también pasiva e indirectamente las favorece. ¿Cuántas veces
encontramos incluso a gente llamada 'de Iglesia' que ante el drama de los
refugiados, de los pobres, de los vulnerables, se retiran en su buena vida
considerándolos solo como molestias y descarte?
b. Los desafíos y las dificultades deben reconocerse y afrontarse,
no dejarse de lado
Así hizo María en Caná. ¡Cuántas veces nos sucede que –ante
situaciones imprevistas de incomodidad– en lugar de afrontarlas con la fuerza
de la serenidad y de la pasión apostólica nos distanciamos, justificándonos
demasiado fácilmente! El peligro es que, poco a poco, esa inercia pastoral
pueda convertirse en «cultura» también entre nosotros. Esperamos –y pedimos
con fuerza– que los demás hagan su parte, tal vez les echamos la culpa, y así
creemos anestesiar nuestras conciencias, fingiendo creer que no tenemos
nada que ofrecer, o no estamos llamados a intervenir.
Cuando el pobre llama a la puerta, no podemos hacer la vista gorda.
Para nuestro padre y maestro Don Bosco su respuesta no partía de los
cálculos de los medios, sino de la disponibilidad de su corazón, que estaba en
sintonía con los jóvenes de su tiempo. Desde el principio fue movido por el
deseo de entrar en contacto con ellos, pobres y necesitados como eran.
Tengamos mucho cuidado de no dejarnos llevar por la perspectiva de una vida
consagrada y pastoral fuertemente condicionada por una mentalidad
burguesa y selectiva. El pobre no lo escogemos nosotros, sino que nos es
enviado por la Providencia. Acoger a los jóvenes pobres y hacer todo lo posible
por ellos, es una llamada que debemos tomar en serio.
c. La historia es el arca reveladora de la acción de Dios
Un tercer punto de partida que tomamos de la acción de María es la
conciencia de que, en los momentos pequeños y humildes, cuando se viven
con generosidad, la historia se convierte en un arca donde se revela la acción
de Dios. Una simple atención materna, una invitación urgente a los siervos,
preparan el terreno para la hora de Jesús, para su primer signo. ¡Cuánto nos
sorprende el Señor cuando estamos atentos a los detalles de la existencia
humana, especialmente cuando estamos con los pobres y necesitados!
¡Cuántas vidas han experimentado el bálsamo de la misericordia de Dios a
través de gestos de atención por parte de educadores y educadoras que con
bondad materna regalaron una sonrisa, una palabra de aliento, en lugar de
miradas de condena o palabras humillantes!
Toda la experiencia de Don Bosco nos comunica que «el patio», tanto
físico como metafórico, es el lugar de la revelación de la bondad de Dios. El
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amor lo comunicamos viviéndolo de manera serena cuando estamos presentes
entre y para los jóvenes, que así se sienten reconocidos, apreciados y amados.
El compartir se construye en las relaciones con nuestros colaboradores y
colaboradoras cuando nos piden esos «cinco minutos» de escucha. La
sabiduría pastoral y educativa pasa por la cotidianidad de los gestos, vividos
con un corazón abierto, disponible, atento y lleno de afecto.
Vale la pena recordar aquí una reflexión, más que nunca actual, ofrecida
por el salesiano Dominic Veliath sobre el contexto de Asia Sur5. Escribe:
El carisma salesiano está todavía en peregrinación. Cada peregrinación
implica una cierta cantidad de riesgo; a veces uno es desafiado a
aventurarse por lo que puede parecer aún un camino inexplorado. Es
en este contexto que, cada salesiano, incluido el salesiano en el contexto
de Asia Sur, confiado en la presencia permanente del Espíritu de Dios,
arraigado en el carisma salesiano y en comunión fraterna con toda la
Congregación salesiana, es llamado a continuar su camino con un poco
de esa confianza que ha sido tan perspicazmente descrita por el poeta
Antonio Machado en su poema Caminante no hay camino: «Caminante,
no hay camino, se hace camino al andar»6.
María, la mujer atenta a lo que estaba sucediendo a su alrededor,
nos invita a no permanecer alejados, indiferentes a las necesidades de aquellos
a quienes el Señor nos pide que acompañemos.
a. Invitación a la reflexión
- Como comunidades y grupos, preguntémonos si tenemos espacios y
momentos en los que juntos reflexionemos sobre las pobrezas que
nos rodean.
- Preguntémonos si nuestro estilo de vida es realmente un testimonio
auténtico para los que nos conocen, para los que servimos, a veces
verdaderos pobres en alma y cuerpo.
5 Dominic VELIATH, “Encounter of the Salesian Charism. South Asian Context”, en, Journal
of Salesian Studies, July–December 2015, Vol.16, n.2, pp.189-207; cf.
https://www.salesian.online/wp-
content/uploads/2020/03/JSS_16_N_2_Encounter_of_the_Salesian_Charism_with_the_Sou
thern_Asian_Context-Dominic_Veliath1.pdf
6 Idem, p. 207. El original en inglés: The Salesian charism is still on a pilgrimage. Every
pilgrimage involves a certain amount of risk; at times one is challenged to venture along
what may seem as yet an uncharted course. It is in this setting that every Salesian,
including the Salesian in the South Asian context, confident in the abiding presence of the
Spirit of God, rooted in the Salesian charism and in fraternal communion with the Salesian
congregation at large, is called to continue his journey with a little of that trust which has
so insightfully been described by the poet Antonio Machado in his poem Antonio Machado
in his poem Caminante no hay Camino: “Wayfarer! There is no way. The way is made by
walking”.
11

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- Preguntémonos si los pobres son números y un objeto de ideología y
estrategia pastoral, o si somos para ellos servidores con los medios
que tenemos. ¿Cómo somos de generosos con nuestros «cinco panes
y dos peces».
2. ESCUCHAR: Arraigados en la fe en Cristo
María, atenta a lo que pasaba a su alrededor, dice a los siervos: «haced
lo que él que os diga». (v.5) La invitación es clara y simple. Pero sabemos que
también es muy difícil. Se trata no solo de reconocer los acontecimientos, con
sus urgencias y necesidades, sino de leerlos a la luz de la fe en Cristo. La
mayoría de las veces hacemos bien la lectura de los acontecimientos, de
manera profesional y competente, con análisis generalmente bien
desarrollados y precisos, a nivel -por así decirlo– «horizontal». Pero para
nosotros que seguimos a Jesús este nivel –que nunca debe faltar– tiene que
ir absolutamente acompañado por el «vertical». Qué fácil es que, para
responder a las diversas emergencias, emprendamos el camino de una
actividad frenética en favor de los pobres y de los necesitados, y a la larga,
muchas veces, terminamos siendo absorbidos en un abismo de activismo que
ya no nos deja tiempo para mirar el rostro de los que queremos servir, ¡ni
siquiera el rostro de Aquel que nos ha llamado a servirles en su nombre!
a. Los acontecimientos deben leerse y vivirse a la luz de Cristo
María invita a una respuesta que ciertamente se enfrenta a la dificultad
inesperada, pero con una indicación muy clara: «haced lo que él os diga». El
énfasis primario no está en lo que uno debe hacer, ¡sino en Aquel que dice lo
que uno debe hacer! Los acontecimientos deben leerse y afrontarse a la luz de
Cristo. Esta es una indicación irrenunciable así como también una fuente de
energía verdadera para quien cree. Hay varias maneras de responder a la
pobreza. El creyente opta por esta: actuar partiendo de la Palabra de Jesús.
Para el creyente en Cristo vale lo que tantos santos de la caridad han
transmitido con su vida y testimonio. Nuestro padre Don Bosco lo transmitió
claramente: actuar en el nombre de Jesús.
Es de gran importancia, para nosotros, lo que los primeros salesianos
han conservado en su recuerdo de la figura de Don Bosco, sobre todo en sus
aspectos más profundos espirituales y místicos. En un artículo de las
Constituciones salesianas, el artículo 10, que abre la sección sobre el espíritu
salesiano, encontramos la síntesis de esta llamada que Don Bosco vivió de
manera auténtica:
Artículo 10:
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2.3 Page 13

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Don Bosco vivió y nos transmitió, por inspiración de Dios, un estilo
original de vida y de acción: el espíritu salesiano.
Su centro y síntesis es la caridad pastoral, caracterizada por aquel
dinamismo juvenil que tan fuerte aparecía en nuestro Fundador y en
los orígenes de nuestra Sociedad. La caridad pastoral es un impulso
apostólico que nos mueve a buscar las almas y servir únicamente a
Dios.
b. La voluntad de Dios emerge de los acontecimientos que vivimos
En esta dinámica, arraigada en Cristo, surge una experiencia que
progresivamente nos hace desvelar el plan de Dios. La voluntad de Dios surge
de dentro de nuestra colaboración en los acontecimientos que vivimos en él y
por su causa. Y cuando en sinceridad somos y actuamos a partir de su mirada,
el Señor de la vida nos sorprende, siempre, de la manera más inesperada.
Creer entonces no es una elección que asegura éxitos y triunfos; creer es
confiar en sus manos, es crecer en la segura certeza que proviene de un
corazón guiado por la divina providencia. Si en lugar de esta elección radical
entra la lógica del cálculo, entonces todo toma otra dirección, cuya meta no
conocemos. María sigue siendo la guía de una confianza total y confiada. Así
ha sido, así continúa siendo.
En el episodio evangélico que estamos meditando, en efecto, no
encontramos ninguna palabra de duda o de desconfianza, ni siquiera de
resignación por parte de los siervos: solo gestos de confianza, plena y total:
Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los
judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de
agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y
llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. (vv.5-8)
Son versículos que comunican –en el silencio total de los protagonistas–
una disponibilidad, una prontitud y una generosidad que pueden también
dejar un poco perplejos. ¡En cambio no! es la reacción de quien elige apostar
por la Palabra escuchada. Es la posición de quien realmente cree. Es la
elección de quien no está ahí para hacer preguntas o, peor aún, condiciones.
¡Aquí está el siervo fiel!
c. Un processo nutrito e illuminato dalla Parola
Finalmente, tomemos un dato que nosotros los creyentes no podemos
perder: este es un proceso que se sostiene porque está continuamente
alimentado e iluminado por la Palabra. Interpretar todo a la luz de Dios y
contemplar su voluntad en los acontecimientos que se revelan ante nosotros,
no es un dato automático. Requiere un corazón en sintonía con el poder de la
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Palabra. Esta es una necesidad que en una cultura como la nuestra –donde
la eficiencia prevalece sobre la eficacia y donde el resultado se considera más
importante que el proceso– nos arriesgamos continuamente a subestimar,
procediendo directamente a hacer, incluso con las mejores intenciones. La
consecuencia es que el punto de referencia –la Palabra meditada y
contemplada– se hace cada vez más débil y a la larga se considera incluso
como tiempo perdido.
¿Cuántas veces escuchamos decir, incluso en nuestras comunidades
religiosas, que no tenemos tiempo para la meditación porque estamos muy
ocupados con los compromisos pastorales? Y cuanto más grandes son los
compromisos, tanto más abandonamos la amistad con la Palabra. El
resultado, por desgracia, es una autorreferencialidad pastoral que se refuerza
en nombre de la acción y de los compromisos pastorales. En correspondencia
a lo que una vez el papa Francisco definió como «mundanidad espiritual»,
nosotros corremos un riesgo muy similar, el callejón sin salida de la
«mundanidad pastoral». Es decir, hacemos con gran empeño el trabajo de
Dios, pero a la larga olvidamos al Dios que inicialmente nos llamó para
servirle. Qué tragedia cuando, creyendo servir a Dios en los pobres, acabamos
por justificar su propia irrelevancia. Terminamos elevando a ídolos nuestros
propios proyectos pastorales!
Quisiera ofrecer aquí una reflexión sobre la fuerza y centralidad de la
Palabra de una santa de la caridad que muchos de nosotros hemos
encontrado: Madre Teresa de Calcuta. Escribe a sus hermanas palabras que
valen también para nosotros hoy:
Me preocupa que alguno de vosotros todavía no se haya, realmente,
encontrado con Jesús –cara a cara– tú y Jesús a solas. Podemos
pasarnos tiempo en la capilla, pero ¿habéis visto con los ojos de vuestra
alma como Él os mira con amor? ¿Conocéis realmente al Jesús vivo, no
a través de los libros sino por estar con Él en vuestro corazón? ¿Habéis
oído las palabras llenas de amor con que Él os habla?... Nunca
abandonéis este contacto diario e íntimo con Jesús como persona real y
viva –y no simplemente como una idea. ¡Cómo podernos pasar un solo
día sin oír a Jesús diciendo «te amo»! ¡Imposible! Nuestra alma lo
necesita tanto como el cuerpo necesita respirar el aire. De lo contrario,
la oración está muerta y la meditación es tan solo una reflexión. Jesús
quiere que cada uno de nosotros le escuche, hablando en el silencio de
vuestro corazón. Estad alerta de todo lo que pueda bloquear ese
contacto personal con Jesús vivo7.
7 De la carta que Madre Teresa escribió a toda la familia de las Misioneras de la Caridad,
durante
la
Semana
Santa
de
1993,
el
25
marzo.
https://es.catholic.net/imprimir.php?id=69841
14

2.5 Page 15

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La calurosa invitación de santa Teresa de Calcuta está dirigida a quien
quiera hacer de la fe la fuente de su identidad y de sus acciones. Ser creyentes
nos pone en el corazón de la historia para que, como protagonistas, acojamos
y vivamos la historia, y en la historia, a la luz de Cristo. Solo así –alimentados
y nutridos con el sustento de la Palabra– podremos constatar con asombro
que la voluntad de Dios emerge más límpida ante nuestros ojos.
d. Invitación a la reflexión
- ¿Reconocemos lo fácil que es responder a las necesidades de los
pobres y ofrecer procesos educativo-pastorales sin una lectura previa
humana y espiritual de la situación?
- Como comunidades y grupos, ¿reconocemos la urgencia del valor de
«perder» tiempo para reflexionar y orar antes de actuar? El valor de
las propuestas reside en las raíces que alimentan al árbol para que
dé frutos buenos y duraderos.
- ¿Hemos interiorizado que servir a los pobres es consecuencia de
nuestro encuentro con Cristo, porque son ellos mismos quienes nos
devuelven a Él para servirles aún más?
- ¿Nos damos cuenta constantemente de que el peligro de la
«mundanidad pastoral» al final alimenta nuestro ego, con la
consecuencia de que en lugar de servir a los pobres, terminamos
sirviéndonos de los pobres?
3. ELEGIR: Vivir la llamada con libertad
El relato del «signo» de Caná ofrece ulteriores pistas que arrojan más luz
sobre nuestra experiencia de fe vivida, como guía y llamada para nuestros
caminos educativo-pastorales. Los siervos escuchan, acogen y obedecen,
como María les había pedido. Su actitud y sus opciones son como la
realización de otra declaración de Jesús, cuando –en el episodio lucano de la
«mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre
que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados
los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen¡» (Lc 11,27-28).
Ahí está la clave. Es importante y decisivo sentirse parte de la historia
de la humanidad, acogiendo y «leyendo» los signos de los tiempos; es
absolutamente necesario estar arraigados en la fe en Cristo. Pero la verdad de
estas dos actitudes se evidencia al máximo grado en el momento en que se
acoge y se vive la Palabra. Surge entonces el camino de una fe auténtica,
marcada por un crecimiento sano y sólido.
15

2.6 Page 16

▲torna in alto
a. Escucha libre junto con una confianza completa
El momento de cambio está marcado por esa escucha libre marcada por
una confianza completa. Las frases del evangelio tienen una carga muy fuerte
y un significado siempre actual.
Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta
arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos
se lo llevaron (Jn 2,7-8)
Cuando uno confía en Jesús, no hay lugar para más. De hecho, la
disponibilidad humana se hace aún más plena y alegre, más pronta y
generosa. El autor del evangelio ofrece un detalle que, como educadores y
pastores, no podemos dejar de notar: «(las tinajas) las llenaron hasta arriba»
(v.7). Hasta arriba, más allá de la ya gran cantidad de litros de las tinajas.
Vale la pena ser generoso, siempre, de una generosidad «desbordante».
Cuando Jesús llama, se sigue así, obedeciendo –ob-audire– con libertad y sin
medida, una y otra vez, como señala la continuación del Evangelio: «Entonces
les dice: “Sacad ahora y llevadlo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron» (v.8).
Creo que muchos de nosotros, en nuestra vida, como niños y jóvenes,
pero también creo que como adultos, hemos tenido la alegría de conocer a
personas que nos recuerdan la generosidad de estos siervos. Personas que
todavía llevamos en el corazón y en la mente, no tanto por las cosas que han
hecho, sino por la actitud libre y generosa que nos han transmitido.
Ciertamente nos han marcado, porque su corazón estaba habitado por la
presencia de Jesús, tenían un corazón iluminado y guiado por la Palabra y
alimentado por la Eucaristía.
b. Toda acción tiene sentido –logos– solo en y de la Palabra – Logos
En los siervos captamos lo que hoy se nos pide, si realmente queremos
ofrecer una experiencia de crecimiento integral a aquellos a quienes estamos
llamados a servir. Seremos auténticos educadores y pastores solo cuando toda
nuestra acción adquiera sentido (razón, motivo, logos) en y de la Palabra
(Logos). Solo en una práctica de vida entretejida de palabras y acciones que se
dejan contagiar por la Palabra, podemos ir más allá del muro de la indiferencia
y de la apatía, tan difundidos hoy. Cuando vemos que falta el vino de la
esperanza y de la verdadera alegría, cuando nos sentimos impotentes frente a
tantos desafíos reales que encontramos cada día, la tentación es la de
defendernos distanciándonos, y hacer lo mínimo.
Pero hay otra opción, que es evangélica y salesiana: «abandonarse» y
«confiar» en su palabra... Como nos testimonian los siervos, como nos
testimonian Don Bosco y tantos salesianos conocidos, con sus opciones
concretas, siempre precedidas por una atención precisa y sistemática a las
fuentes de su vida. Todo surge de este espacio sagrado y profundo. Han sido
16

2.7 Page 17

▲torna in alto
discípulos y siervos que de su vida, por y con los demás, han hecho una
experiencia que prolongaba su relación con Jesús, vivida con la fuerza de su
Palabra. Su devocionismo no era abstracto o pietismo emocional, sino
expresión y síntesis de madurez humana y espiritual, de clarividencia
inteligente y sabia, de empatía humana e impulso místico. En su experiencia
vivida con una personalidad fuerte y determinada no vemos signos de
debilidad, de resignación pasiva. Podemos decir que su protagonismo lo han
vivido dentro de un marco relacional marcado por la gracia de unidad, un
marco existencial profundamente humano y profundamente divino. Al
obedecer no han renunciado a su personalidad en absoluto, sino que la han
moldeado a través de ella. Su confianza en la palabra de Jesús, como la de los
siervos, sigue ofreciéndonos vino nuevo que inaugura una vida nueva, tanto
para nosotros como para nuestros jóvenes.
c. Peligro de una fe que se adapta a la cultura dominante
Y aquí reconocemos la invitación a no sucumbir al peligro de una fe que
se adapta a la cultura dominante. La dimensión profética de nuestra misión
debe tener en cuenta un contexto como el actual que «tira hacia abajo», lo
inmediato, lo útil y provechoso, lo que gratifica aquí y ahora, cuando no lo
más cómodo. La palabra de Jesús a los siervos podía ser «manejada» y
«tratada» de manera únicamente humana, con una desconfianza más que
nunca plausible y «razonable». El resultado habría sido muy diferente,
podemos imaginar fácilmente.
Cuántas veces también a nosotros hoy nos sucede que –ante desafíos
pastorales urgentes– el razonamiento humano toma el control. Una lectura
solo horizontal, en sí misma construida con arte, termina por despotencializar,
hasta excluir, una lectura de fe de los desafíos que estamos llamados a
afrontar. Por un lado, somos conscientes de que los estudios y las
investigaciones sobre los jóvenes nos invitan a escuchar su búsqueda de
sentido, pero por otro –a esta conciencia que pide una respuesta profética–
nos limitamos a dar o una respuesta solo horizontal, tal vez respondiendo solo
a una necesidad en lugar de la pregunta implícita de sentido.
Se tiene la impresión de que, a veces, proyectamos sobre los jóvenes
nuestros miedos, porque nos incomoda afrontarlos y superarlos, nos saca de
nuestras zonas de confort. Permaneciendo en la vertiente puramente humana
y racional, o de la cultura dominante, nos sentimos superficialmente
justificados, mientras nuestros jóvenes permanecen gritando en el desierto.
Leyendo la historia de los comienzos en Valdocco, en la casa Pinardi
desde 1847 en adelante, vemos que Don Bosco ofrece a los jóvenes
experiencias fuertes y sólidas. Buscaba jóvenes pobres y sin hogar para darles
lo mínimo necesario: comida, vivienda, educación. Pero ya desde el principio
17

2.8 Page 18

▲torna in alto
Don Bosco era consciente de que había que ofrecer propuestas que hoy
llamamos «integrales». Pietro Braido escribe::
Humilde en lus orígenes, la primera institución de Don Bosco crecía
lentamente, pero con creciente vigor y notoriedad, como el grano
evangélico de mostaza. Pero era debida a un operador de tal fuerza
interior, de tan sólida fe humana y cristiana, de sobresaliente capacidad
para el cambio e irradiación, que concluía dando de sí imágenes mucho
más amplias que la efectiva realidad. Ocurriría otro tanto en el futuro8.
No trabajaba, sin embargo, solo para la publicidad. En la obra de
recuperación y potenciación religiosa, moral y, por tanto, civil de la
juventud sobre todo trabajadora, los «pobres artesanitos», solía recurrir
también a medios vigorosos, como los ejercicios espirituales. Ya en 1847
había tenido una primera experiencia con los oratorianos... Ciertamente
más atestiguada por el mismo Don Bosco fue la repetición de una
experiencia análoga en 1848. Había implicado, para una buena parte
de los cincuenta participantes, la permanencia día y noche en los locales
del Oratorio, hecha posible por la disponibilidad de toda la casa
Pinardi9.
Para que nuestra respuesta esté llena de fe en la palabra de Jesús, urge
que acojamos esta invitación con gran disponibilidad, tanto hacia Aquel que
nos llama como como respuesta a los que están esperando. Nuestra vacilación,
nuestras dudas, no deben tener la última palabra.
d. Invitación a la reflexión
- Comprometámonos para que nuestra vida de fe tenga la forma de
una relación marcada por la libertad y el abandono confiado.
- Hagamos un examen de conciencia sobre nuestras motivaciones, si
están arraigadas y alimentadas por la Palabra (Logos), libres de
motivaciones autorreferenciales.
- Desarrollemos nuestra capacidad intelectual siempre a la luz de la
sabiduría de Dios. Que nuestra inteligencia no oscurezca y debilite
la voz profética de la Buena Nueva.
4. ACTUAR: Servir con total generosidad
8 Pietro BRAIDO, Don Bosco, prete dei giovani, nel secolo delle libertà, (LAS – Roma 2009), Vol.
I, Cap. VII: La rivelazione di Don Bosco educatore (1846-1850), p.216 [Edición española: Don
Bosco sacerdote de los jóvenes en el siglo de las libertades, Didascalia, Rosario-Argentina,
2009, p. 229]
9 Idem., p.223 [Edición española; p. 236].
18

2.9 Page 19

▲torna in alto
Las bodas de Caná fueron una «fiesta» enriquecida por la respuesta
confiada y generosa de los siervos a la invitación de María de hacer lo que
Jesús les dijo que hicieran. Cuando el servicio está marcado por la entrega
generosa de sí mismo, una generosidad arraigada en la fe, los resultados son
un regalo para todos. Podemos comprobarlo en los diversos procesos
educativo-pastorales llevados a cabo por personas dedicadas a la misión, por
colaboradores y colaboradoras que se sienten parte viva del carisma y del
proyecto pastoral salesiano. Dedicación y pertenencia que son verdadera y real
asunción de la llamada, realización de ella, no un simple apéndice. Al final,
son estas opciones de fondo las que dan alma a todo camino de crecimiento
integral de los jóvenes. Son opciones que condicionan positivamente el
resultado.
a. Servir de manera libre porque estamos arraigados en Cristo
No hay libertad más auténtica y verdadera que la que emana de esta
relación con Él. La alegría del siervo libre surge de un corazón que ya ha
encontrado el centro de su identidad. El siervo que se alimenta de la fuente
que es Cristo, no tiene intenciones o motivaciones alternativas. Vive bien su
servicio sin necesidad de depender de la búsqueda de gratificaciones
personales que vienen del exterior. Su corazón ya está lleno de Aquel que lo
ha llamado y enviado, y esto es más que suficiente.
Su donación, por lo tanto, es límpida, y por eso comunica externamente
ese sentido de libertad interior. De aquí viene el verdadero gozo que todo
verdadero siervo de los jóvenes lleva consigo. Somos portadores del vino
bueno, somos «signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes,
especialmente a los más pobres» (Const 2), no porque lo hayamos producido
nosotros, sino porque creemos que nos ha sido dado gratuitamente. Se nos
pide solamente que no lo mantengamos como propiedad personal, sino que lo
distribuyamos con generosidad. La alegría que comunicamos cuando estamos
arraigados en Cristo es una alegría que nos es dada en abundancia, pero con
la promesa de que esta alegría llega a ser plena al compartirla. La promesa de
Jesús en la última cena continúa apoyándonos en este servicio:
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi
amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo
mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco
en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros,
y vuestra alegría llegue a plenitud (Jn 15,9-11)
En estos meses pasados del Jubileo del Año Santo 2025 muchos de
nosotros hemos vivido o seguido de cerca la experiencia del Jubileo de los
Jóvenes, entre finales de julio y principios de agosto. Hace efecto recordar aquí
las palabras que san Juan Pablo II escribió en su carta apostólica, Novo
millennio ineunte, al final del Año Santo 2000, donde encontramos un
19

2.10 Page 20

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comentario sobre el Jubileo de los jóvenes de aquel año, 2000. Son palabras
en honor a la alegría. parecen escritas para nosotros hoy, luchando con los
jóvenes nacidos alrededor del milenio:
¿No es, tal vez, Cristo el secreto de la verdadera libertad y de la alegría
profunda del corazón? ¿No es Cristo el amigo supremo y a la vez el
educador de toda amistad auténtica? Si a los jóvenes se les presenta a
Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una
respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es
exigente y marcado por la Cruz. Por eso, vibrando con su entusiasmo,
no dudé en pedirles una opción radical de fe y de vida, señalándoles una
tarea estupenda: la de hacerse «centinelas de la mañana» (cf. Is 21,11-
12) en esta aurora del nuevo milenio (NMI 9)10.
Sí, los jóvenes siguen buscando a quien tiene el valor y la convicción de
la fe en Cristo. No falta la búsqueda por parte de los jóvenes. Necesitamos
personas, adultas en la fe, dispuestas a presentar el rostro de Jesús como
siervos y peregrinos. Necesitamos educadores y pastores dispuestos a
escuchar y vivir la buena noticia.
b. Cooperadores en el proyecto de Dios para los jóvenes
A través de este servicio convencido y gozoso nosotros, educadores y
pastores, nos convertimos en cooperadores en el proyecto de Dios para los
jóvenes. Como María, también nosotros hemos tomado la decisión de no
alejarnos de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Elegimos ser parte
de la historia de los jóvenes. Porque estamos convencidos de que estos jóvenes,
hoy más que nunca, llevan en su corazón la pregunta «¿dónde vive el Señor?».
Lo están buscando quizás sin saberlo. No tienen el vocabulario para decirlo,
pero tienen esa sed profunda que no deja el corazón en paz. Si falta el lenguaje
correcto, seguramente no falta el corazón inquieto.
Cuán grande es nuestra responsabilidad, de nosotros que hemos
encontrado a Jesús, que con Jesús nos detenemos frecuentemente, ¡cada día!
Pero solo cuando este encuentro lo vivimos con fidelidad y consistencia,
logramos entender y comprender la demanda silenciosa de los jóvenes. En
esta lógica de un «silencio que interpela de manera ensordecedora», los
auténticos educadores y pastores comunican con su testimonio y su fidelidad
aquella chispa que solo sabe encender los corazones. A nosotros se nos ha
entregado el «talento» de la buena noticia. ¡Ay de nosotros si lo descuidamos,
o, peor aún, si lo enterramos!
En su breve pero intensa vida, Simone Weil (1909-1943), –filósofa,
activista política y mística francesa, mujer desesperadamente en búsqueda–
dejó una marca profunda en el pensamiento filosófico francés del siglo XX. En
10 San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte, 6 de enero de 2001.
20

3 Pages 21-30

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3.1 Page 21

▲torna in alto
un cierto período de su vida estuvo en contacto con el padre Joseph-Marie
Perrin, dominico. De esta experiencia ella escribe en su diario:
No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma
en que habla de las cosas terrenas, como se puede discernir mejor si su
alma ha permanecido en el fuego del amor a Dios11.
Es una frase lapidaria que se adapta muy bien a nuestros contextos
educativos pastorales. La mayoría de las veces nuestros encuentros con los
jóvenes y con todos aquellos que el Señor nos hace encontrar son hechos de
un simple contacto humano, disponibilidad generosa sobre necesidades y
temas inmediatos. Sin embargo, ese espacio de clara humanidad se convierte
en lugar de revelación del amor de Dios: en esos momentos ocupamos un
«terreno sagrado» que no hay que pisotear. En los patios del mundo, nuestra
presencia no es solo física, sino que lleva lo que nuestro corazón encierra.
Incluso hablando de «cosas terrenales», sin saberlo comunicamos «quién» o
«qué» en nuestro corazón hemos acogido y hospedado. En estos momentos
sencillos, nuestra presencia, portadora de un corazón sano, facilita de manera
sorprendente el desvelamiento del proyecto de Dios para cada joven con que
nos cruzamos. Bienaventurados nosotros si somos continuamente
conscientes de ello. Bienaventurados los jóvenes que se encuentran con estos
siervos creyentes, generosos y llenos de alegría verdadera y auténtica.
c. La audacia de la fe
Por último, no hay que tener ni miedo ni vergüenza: favorezcamos a
nivel personal y comunitario la audacia de la fe. No se trata de una actitud
que desafía al mundo, mucho menos un fundamentalismo sin sentido. Se
trata, más bien, de una opción que nos radica en Cristo, y así vamos al
encuentro del mundo. No se trata de oponerse, sino de favorecer espacios de
fraternidad, promover la cultura del diálogo, vivir relaciones marcadas por la
compasión y la empatía.
En un pasaje de la encíclica Lumen fidei, el papa Francisco se detiene
sobre la potencialidad de una fe que no pretende conquistar sino colaborar al
bien común. Como portadores de un carisma que educa y evangeliza, la
reflexión del Papa nos ilumina y nos impulsa a seguir adelante.
La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los
hombres de nuestro tiempo. Sin un amor fiable, nada podría mantener
verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría
concebir solo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en
11 Simone Weil, Quaderno IV, pp. 182-183 [Escritos esenciales, Sal Terrae, Santander, 2000]
21

3.2 Page 22

▲torna in alto
el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la
sola presencia del otro puede suscitar (n.51).
El Papa recuerda que esta toma de posición se convierte en un don
inestimable por sus consecuencias sociales. Esta llamada para nosotros,
Grupos de la Familia Salesiana, es crucial porque nos advierte del peligro de
considerar «la fe» como una «propiedad privada», que tenemos en
contraposición a los demás. Ese no es el sentido de la llamada. Recordando el
contexto de la fiesta de Caná, el vino es para todos, incluso para los que no
han hecho bien los cálculos, también para los que han entrado sin saber en
la fiesta, y para los mendigos de paso. La fe en Cristo, como el vino nuevo,
inaugura la fiesta de la alianza. He aquí las palabras del Papa Francisco:
La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas,
porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en
su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien
común. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce
solo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad
eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para
que avancen hacia el futuro con esperanza (n.51).
La audacia de la fe es una confirmación de que queremos tomar en serio
la llamada a ser cooperadores en el proyecto de Dios para los jóvenes. Esta
llamada Don Bosco la vivió con una extraordinaria conciencia y lo hizo
convertirse en sistema, proyecto, experiencia familiar. La suya era una
audacia que le hizo decir (y vivir): «En las cosas que benefician a la juventud
precaria o sirven para ganar almas a Dios, yo corro adelante hasta la
temeridad»12.
La audacia de la fe la vivimos para favorecer un futuro marcado por la
esperanza. La audacia de la fe que encuentra sus raíces en el corazón del
educador, del pastor, que nunca deja de amar, de esperar, de querer bien a
su rebaño.
d. Invitación a la reflexión
- No tengamos miedo de interrogarnos a nivel íntimo y sincero si
realmente estamos sirviendo a los jóvenes o si estamos usándolos
para nuestra agenda y por razones personales.
- Llamados como Comunidad a educar con el corazón del buen pastor,
nos esforzamos por encontrar momentos que fortalezcan en nosotros
la conciencia de que nuestra presencia y nuestra contribución están
12 Carta al señor Vespignani, 11 de abril de 1877, en Francesco MOTTO (a cura di), Giovanni
BOSCO, Epistolario, Vol. V (1876-1877), LAS-Roma 2012, p.344. [Cita en Const. 19]
22

3.3 Page 23

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destinadas a favorecer el descubrimiento del proyecto de Dios para
cada joven.
- Recordando la frase de Simone Weil, ¿mi alma está habitando en el
fuego del amor de Dios? Si no habito en este horno de amor de Dios,
¡poco importa donde es la alternativa, dónde decido vivir!
5. 150 años – Salesianos Cooperadores: el sueño profético de
Don Bosco continúa
Os invito a mirar la conmemoración del 150° de la fundación del
Salesianos Cooperadores como una experiencia que prolonga la palabra de
María a los siervos: «Haced lo que él os diga».
Las reflexiones hechas hasta aquí las podemos ver actualizadas en el
proyecto que Don Bosco maduraba desde el inicio de su misión en Valdocco.
i. El corazón de Don Bosco era un corazón abierto a acoger los
signos de los tiempos, con sus desafíos y oportunidades.
ii. Desde el principio era un camino arraigado en la fe en Cristo, y
esta experiencia personal suya tenía únicamente en Cristo su
punto de partida.
iii. La propuesta que iba madurando tenía como objetivo ofrecer a los
jóvenes y a sus primeros colaboradores una llamada a descubrir
y vivir su proyecto de vida con libertad.
iv. En un ambiente sano y santo, donde la razón (racionalidad) y la
fe (religión) se alimentaban mutuamente en un contexto de
amorevolezza, este camino tenía el único propósito de servir a los
jóvenes con completa generosidad y de amarlos sin condiciones.
En las últimas décadas hemos tenido varias ocasiones y momentos de
reflexión que nos están ayudando a contemplar la experiencia de los
Salesianos Cooperadores a la luz del carisma salesiano. Me refiero a tres
fuentes que durante este año pueden alimentar tantos momentos de estudio
y reflexión, como también de búsqueda hacia nuevas y creativas propuestas
pastorales.
Don Pietro Braido dedica varias páginas a los Salesianos
Cooperadores13. Aquí solo quiero mencionar algunas ideas para una visión
13 P. Braido, Don Bosco prete dei giovani nel secolo delle libertà. Vol. 2, LAS 2009. Suggerisco
la lettura del Capitolo ventiduesimo, Un progetto di solidarietà cattolica nella missione tra i
giovani (1873-1877), pp.173-205 [Edición española: Don Bosco sacerdote de los jóvenes en el
siglo de las libertades, vol. 2, Didascalia, Rosario-Argentina, 2009. Sugiero la lectura del
capítulo 22, Un proyecto de solidaridad católica en la misión entre los jóvenes pp.180-214.
23

3.4 Page 24

▲torna in alto
de conjunto que nos ofrece una memoria proyectada más allá de la inmediatez
histórica y temporal. Si hacemos verdadera memoria de las opciones de Don
Bosco, nos damos cuenta que el tema del AGUINALDO 2026 está en plena
sintonía con su acción, siendo él siempre atento y obediente a la dirección del
soplo del Espíritu de Dios.
La idea de Don Bosco era crear una verdadera fuerza misionera
organizada, un «ejército potencialmente ilimitado de personas, hombres y
mujeres». La característica revolucionaria era que estos miembros
compartirían la misión salesiana permaneciendo en el mundo, sin la
obligación de los votos religiosos (pobreza, castidad, obediencia) ni de la vida
comunitaria típica de los religiosos. Estaban llamados a vivir una fe
«evangelizadora y civilizadora» en su contexto cotidiano.
Desde los inicios del Oratorio, Don Bosco siempre había podido contar
con la colaboración de sacerdotes y laicos. La verdadera novedad estaba en
dar a esta colaboración una forma oficial y estructurada: una Asociación o
Unión eclesial. Esta entidad habría sido formalmente «agregada» a la Sociedad
Salesiana, creando un vínculo espiritual y jurídico reconocido.
La idea no surgió de la nada. Ya en los borradores de las Constituciones
Salesianas de los años 60, Don Bosco había previsto un capítulo sobre los
«Socios Externos». Aunque esta propuesta fue inicialmente rechazada por las
autoridades vaticanas, Don Bosco no se rindió. Él quería transformar una red
de ayudas espontáneas e informales en una familia espiritual reconocida, con
una identidad precisa y un papel activo en la misión salesiana.
En la Introducción de 1854 al Plan de reglamento para el Oratorio
masculino de S. Francisco de Sales, Don Bosco expresaba la esperanza
de que el «servir de norma (...) para administrar esta parte del sagrado
ministerio, y de guía a las personas eclesiásticas y seglares que con
caritativa solicitud en buen número consagran allí sus fatigas».
Efectivamente, se había multiplicado el número de colaboradores
eclesiásticos y laicos, a quienes amaba recordar. (Braido, 180)
La original visión de Don Bosco todavía nos interpela, porque nos invita
a renovar hoy ese mismo espíritu apostólico que él soñaba como base y
fundamento. Para Don Bosco la figura del Salesiano Cooperador era como una
figura poliédrica con una identidad y una misión bien precisas.
Su identidad era la de un salesiano en el mundo: cristiano (laico,
sacerdote, hombre o mujer) que vive el espíritu salesiano en su propia
condición de vida, en familia y en sociedad. No es un religioso, pero comparte
con los religiosos salesianos el mismo corazón y la misma pasión por la
salvación de los jóvenes.
24

3.5 Page 25

▲torna in alto
Su misión tenía un doble objetivo: el de la santificación personal («hacer
el bien a sí mismos»: es decir, llamado a vivir una vida cristiana ejemplar, con
un estilo de vida sencillo y virtuoso, casi como si estuviera «en Congregación»).
Luego la salvación de los demás, la acción apostólica, con el objetivo de un
compromiso activo por el prójimo, con un enfoque especial en la «juventud en
peligro».
Don Bosco, con gran pragmatismo, estableció que quien no podía realizar
estas obras directamente («por sí mismo») podía sin embargo contribuir
apoyando a quien las hacía («por medio de otros»). Este principio hacía la
experiencia accesible a todos, independientemente de la edad, la salud o los
recursos económicos.
Don Egidio Viganò en su carta La Asociación de Cooperadores
Salesianos14, con ocasión de la promulgación solemne del entonces nuevo
Reglamento de vida apostólica de la Asociación de Cooperadores Salesianos,
1986, escribía que este nuevo Reglamento no era una simple actualización
normativa, sino un acontecimiento de alcance histórico que completaba la
renovación postconciliar de toda la Familia Salesiana. Escribe don Viganò que
mientras «Don Bosco no considero finalizada su larga y nada fácil mision de
fundador hasta que logró dar estructura valida y documento de identidad
propio a esta Asociación, que, de algún modo y como en germen, había estado
presente en los mismos comienzos de su proyecto en favor de la obra de los
oratorios».
Añade, además, que el carisma salesiano tiene en sí mismo una
«vitalidad dúctil» que le permite adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.
Don Bosco había partido de la intuición fundamental de la misión juvenil y de
la urgencia de tener colaboradores permanentes. Solo después de más de
treinta años de discernimiento, desde 1841 hasta 1876, había logrado dar
forma definitiva a su proyecto, pasando de una dimensión diocesana a una
vocación universal.
Don Pascual Chávez, por último, en una intervención sobre El
Cooperador en la mente de Don Bosco15, comenta «El Proyecto de Vida
Apostólica: camino de fidelidad al carisma de Don Bosco», subrayando la
intuición original de Don Bosco y recordando la célebre frase: «Yo tengo
necesidad de todos!». En esta expresión encontramos sintetizada de manera
completa su visión, que no se reduce a ver a los Cooperadores como simples
ayudantes, sino como protagonistas esenciales de una amplia red de
colaboración que ha hecho posible la difusión mundial de la obra salesiana.
14 E. Viganò, La Asociación de Cooperadores Salesianos, Carta publicada en ACG n. 318, 1986.
15
https://www.asscc-mondiale.org/webSite/wp-
content/uploads/2016/02/congrmond2012_interventorm_spagnolo.pdf
25

3.6 Page 26

▲torna in alto
Don Chávez escribe que la identidad del Cooperador, según Don Bosco, se
articula en tres dimensiones fundamentales: primero, es un cristiano católico;
segundo, tiene una vocación secular; tercero, es salesiano en el mundo,
recordando la misma conferencia de Don Bosco en 1885. En esa conferencia Don
Bosco dijo:
¿Qué significa ser Cooperador salesiano? « Ser Cooperador Salesiano
quiere decir concurrir junto con otros al sostenimiento de una obra
fundada bajo los auspicios de san Francisco de Sales, la cual tiene por
fin ayudar a la santa Iglesia en sus más urgentes necesidades. De este
modo, se concurre a promover una obra sumamente recomendada por
el Padre Santo, porque prepara los jovencitos a la virtud, al camino del
santuario. Tiene ésta como fin principal instruir a la juventud, que, hoy
en día, se ha convertido en blanco de los malos, y promover en medio
del mundo, en los colegios, en los hospicios, en los oratorios festivos, en
las familias, el amor a la religión, las buenas costumbres, la oración, la
frecuencia de los Sacramentos y otras cosas»16.
A la luz de esta visión de Don Bosco, el Proyecto de Vida Apostólica (PVA)
traza el camino para convertirse en un testimonio auténtico del proyecto de Dios
en favor del crecimiento integral de los jóvenes. Este camino se hace real cuando
los Salesianos Cooperadores se comprometen a:
a. asegurar la identidad de la Asociación mediante una fidelidad dinámica
al carisma original. El estudio y la reflexión del carisma sea fuente que nutre
continuamente la comprensión y la vivencia de la llamada;
b. reforzar la unidad de los miembros en su diversidad. La riqueza del
origen y la variedad de los dones que cada miembro tiene y la situación personal
de cada uno, sea una oportunidad para crear espacios de convergencia, de
compartir y de habitar nuevos espacios de acción;
c. por último, promover la vitalidad misionera de cada Cooperador. La
llamada a sentirnos como Don Bosco quiere decir ser guiados por un corazón
listo «para salir», un corazón que se siente enviado, un corazón misionero. Esta
convicción supera el peligro de un cierre que termina por hacer perder el fuego
de la llamada.
Junto a estas propuestas de don Pascual Chávez, vale la pena reiterar su
invitación para que no perdamos esa frescura que Don Bosco comunicaba y que
hoy nos corresponde no perder, no debilitar. Su proyecto, todavía hoy, muestra
su valor en la medida en que cada Salesiano Cooperador busca ser, ante todo,
una persona dedicada al bien común en el ámbito político, social y humanitario.
Desde esta perspectiva, en segundo lugar, la atención privilegiada a los pobres y
16 Bollettino Salesiano Luglio 1885, Anno IX. n. 7: [la cita se puede encontrar en MB
XVII, 463; MBe XVII, 398].
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excluidos se convierte en la fuerza que impulsa la acción pastoral. En tercer
lugar, se reafirma el compromiso por una comunidad creyente, en sostener la
vitalidad a la Iglesia mediante un espíritu de servicio auténtico, verdadero y sin
intereses. Por último, la invitación a formarse continuamente para que el
testimonio en su conjunto y en todas partes se nutra de esa espiritualidad laical
que forma a la vida evangélica, una vida portadora de la buena noticia, fermento
en la sociedad.
6. Algunas propuestas pastoralees
En esta última parte ofrezco algunas propuestas pastorales que pueden
ser estudiadas y discutidas dentro de los diversos Grupos de la Familia
Salesiana. Son propuestas que emergen de las diversas consideraciones hasta
aquí expuestas y que están íntimamente relacionadas con la Palabra de Dios
que nos ha acompañado en este AGUINALDO 2026. El deseo, para mí y para
cada uno de los miembros de la Familia Salesiana, es poner siempre ante
nosotros la fuerza y la luz de la Palabra. Desde esta energía pedimos al
Espíritu de Dios que nos conceda coraje y determinación para vivir con fe el
mensaje de Jesús, y viviéndolo para llevar el «vino de la esperanza» a los
jóvenes.
1. «Haced lo que él os diga»: hacia una pedagogía de la escucha
personal
Las palabras de María a los siervos de Caná se ofrecen como un
verdadero método educativo. María invita a una escucha personal que lleva
del individualismo indiferente a la autonomía responsable y solidaria, del
conformismo exterior estéril a la conversión del corazón.
- Eduquemos a los jóvenes a la escucha personal de la palabra de Dios
hacia una fe adulta y consciente.
- Promovamos el discernimiento a nivel personal y comunitario, de
grupos y de asambleas.
2. María en Caná: educadora de la libertad auténtica
María no obliga a los siervos, sino que los orienta hacia Aquel que puede
transformar su vida. Es el modelo de todo auténtico educador en la fe: no
imponer, sino proponer; no obligar, sino acompañar; no sustituirse, sino
hacerse capaz..
- Crecemos como educadores y educadoras que ayudan a los jóvenes
a plantearse las preguntas correctas, evitando el peligro de dar
respuestas prefabricadas.
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- Nos hacemos conscientes de que la autoridad nace del testimonio
coherente y auténtico, no del autoritarismo sofocante.
- Aceptamos que educar a la libertad significa también prevenir el
riesgo del «no», de una respuesta negativa, de un rechazo, y que en
todo caso es necesario respetar siempre las opciones de los jóvenes
dentro de un camino gradual de crecimiento.
3. El arte de leer los signos del tiempo con los jóvenes
Una pastoral encarnada sabe leer la realidad juvenil sin prejuicios ni
nostalgia del pasado. Los jóvenes viven en un mundo complejo, atravesado
por desafíos inéditos: la revolución digital, la incertidumbre del futuro, la crisis
de las instituciones tradicionales, las nuevas formas de pobreza existencial.
- Escuchemos con empatía: antes de juzgar, tratemos de entender el
mundo juvenil desde dentro.
- Hacemos una lectura sapiencial: vemos en los cambios culturales no
solo amenazas, sino también oportunidades para el anuncio.
- Promovemos la conversación en el Espíritu: la «sinodalidad» la
vivimos de manera evidente cuando involucramos a los jóvenes
mismos en la escucha recíproca, en el análisis de su realidad y en la
formulación de nuevas propuestas.
- Con una mirada de fe, reconocemos la acción de Dios incluso en las
situaciones aparentemente más alejadas del Evangelio.
4. Elegir: la libertad cristiana como respuesta vocacional
Uno de los puntos más delicados de la pastoral juvenil salesiana de hoy
es la relación entre fe y libertad. Solo la «escucha libre» permite experimentar
la fuerza liberadora del Evangelio.
- Ofrecemos a los jóvenes espacios y experiencias de un cristianismo
valiente, no temeroso, una propuesta de vida cristiana sencilla y
creíble.
- Nos orientamos a la acción: toda acción y propuesta concreta sean
vividas y guiadas por la Palabra para que se conviertan en signos de
una espiritualidad integral. El servicio surge entonces como
expresión natural de una fe madura y de una libertad auténtica.
5. Los 150 años de los Salesianos Cooperadores: un modelo para hoy
La conmemoración de los 150 años de los Salesianos Cooperadores
ofrece a la misión salesiana una oportunidad única: el sueño de Don Bosco de
un «gran movimiento de personas» comprometidas con el bien de la juventud.
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- Protagonismo juvenil: los jóvenes no son solo destinatarios de la
acción pastoral, sino sujetos activos. Como los primeros
Cooperadores desde el principio, los jóvenes han compartido el sueño
de Don Bosco. Lo mismo debe valer para los jóvenes de hoy: están
llamados a ser protagonistas de la evangelización, de manera más
explícita que sus coetáneos.
- Alianzas educativas: la misión salesiana no puede ser obra de
individuos, sino que requiere redes de colaboración entre familias,
comunidades cristianas, escuelas, asociaciones y el mundo del
trabajo. Los Salesianos Cooperadores de ayer y de hoy representan
este espíritu de alianza pastoral.
- Dimensión misionera: el carisma salesiano es intrínsecamente
misionero. Toda opción pastoral no puede limitarse a la conservación
de lo existente, sino que debe abrirse a las periferias, a las nuevas
pobrezas, a los jóvenes más alejados.
- Laicidad fecunda: los Salesianos Cooperadores testimonian la belleza
de la vocación laical en la Iglesia. Esto significa valorar y tomar en
serio el papel específico de los laicos en la educación a la fe,
respetando y promoviendo su competencia y autonomía.
Conclusión
El AGUINALDO 2026 entrega a la Familia Salesiana un programa en
conjunto exigente y fascinante. En un tiempo en que los jóvenes a menudo
son descritos solo en términos de problematicidad o fragilidad, la propuesta
salesiana los mira con los ojos de la fe: cuando encuentran propuestas creíbles
y testigos autorizados, los jóvenes se muestran portadores sinceros de dones
específicos, realmente capaces de escuchar auténticamente, dispuestos a
tomar decisiones generosas.
Como María en Caná, nosotros educadores y educadoras en la fe estamos
llamados a dar testimonio de Cristo a los jóvenes, no como «objeto» sino como
relación liberadora, para proponer la vida cristiana no como reglas a seguir,
sino como plenitud de vida ofrecida gratuitamente. «Haced lo que él os diga»
no es una invitación a la obediencia ciega, sino a la libertad responsable
comunicada por quien ya ha encontrado y experimenta el Amor, y quiere
compartirlo porque en él está la verdadera vida.
Termino con una reflexión de Romano Guardini17. Él afirma que nuestra
fe es una «“fe contestada”, que debe verificar continuamente su propio
17 R. Guardini, Sorge um dem Menschen, Bd. I, Werkbund, Würzburg 1962, tr. it. di Albino
Babolin, Ansia per l’uomo, vol. I, Morcelliana, Brescia 1970, p. 130.
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fundamento, y desechar tal vez lo diverso y lo bello para atenerse solo a lo
esencial». Esto quiere decir que cuando surge la duda o el desaliento, que a
menudo nos atacan en nuestra misión, nos damos cuenta de que la verdadera
fe es aquella «que siempre de nuevo se levanta contra la duda. [… ] Esa
característica forma de fe que (san Juan Enrique) Newman tan bien describió
cuando afirmó que “creer” significa “poder sostener la duda”».
El vino nuevo de las bodas de Caná, que simboliza la novedad promovida
por quien cree, nosotros lo llevamos con alegría y esperanza también y, sobre
todo, en medio de desafíos y dificultades, dudas e incertidumbres. Tanto en la
Iglesia como en la sociedad, los jóvenes que acompañamos son portadores de
una sed de vida auténtica. Tratan de encontrar creyentes, que comunican una
propuesta cristiana creíble y por eso son creídos por ellos. Este es el desafío
que el AGUINALDO 2026 nos confía a todos nosotros de la Familia Salesiana,
que tenemos en cuenta a las nuevas generaciones.
El sueño de Don Bosco continúa cada vez que un joven descubre en los
educadores y pastores que no encuentra un límite a su libertad, sino el camino
para llegar a ser plenamente él mismo, un creyente que vive su fe al servicio
de sus hermanos. Esta es la «buena noticia» que la misión salesiana está
llamada a anunciar: la audacia de la fe y el gozo del compartir.
Este es el AGUINALDO que con alegría y emoción os ofrezco, y que me
comprometo a vivir yo primero.
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